y con la fuerza que hace avanzar la ambición a mi alma.
Aloje a forajidos,banqueros y romanceros rociados con ginebra.
Algunos huéspedes solo venían para escapar de sus miserias.
Rompían televisores,saqueaban el minibar;incluso llegaron a robar un cuadro de Julia.
Al fin y al cabo era un hotel,construido sobre un satélite suicida.
El negocio marchaba bien, pero un día hallaron a un cineasta en una habitación
muerto. Había un vinilo dando vueltas en una gramola , pero no se oía ninguna música.
El cineasta no era de verdad y el vinilo tampoco.Pero él estaba muerto,en eso no había trampa.
Poco a poco la gente dejo de venir,se corrió la voz de la muerte en
el Hotel de la Luna. Los trabajadores se marcharon y en poco tiempo
solo quede yo,el polvo acumulado y el silencio de las paredes frías.
Cuando el negocio había quebrado del todo, cuando me quede sin sustento
y acertaron los que vaticinaron mi muerte;es entonces cuando apareciste tu.
Cuando viniste pensé que era un engaño,un juego; una treta.
Nadie espera nada de nadie en la soledad de la Luna muerta.
Una visita que embriagaba las heridas,un baúl lleno de deseos
escondido en la suite del séptimo piso que permanecía destruida.
Apagamos todas la luces y bebimos humedeciendo el paladar,sin esperar nada a cambio.
Iluminamos la oscuridad de nuestros pasos,con la esperanza de que nadie
viniera nunca a buscarnos, al hotel que quebró en la Luna.

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