Esta fuerza prominente que acecha con no dejarme huir.
Las palmas de las manos besando el suelo,
el sudor deslizándose lentamente por mi cuerpo.
Puedes golpear el músculo que bombea dentro de mi pecho,
puedes llevarlo a una celda y cuando ya este preso
hablarle de la libertad, que él seguira sonriendo.
Intentar henchir con palabras lugares que ya están llenos.
El fuego no se enciende ni se apaga a su antojo,
es un títere con cierta autonomía que arde por despecho.
No estoy aquí para hablar de mis hazañas, mi legado son las palabras, que
me levantaron para seguir luchando y abrazar mi propia grandeza.

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