Héctor estaba de pie en el escenario de la sala de conferencias, con la mirada perdida en algún punto fijo; donde tenia lugar la VII edición de jóvenes científicos que se celebra una vez al año y que reúne a los nuevos talentos mundiales.
Mientras que su cuerpo estaba prácticamente rígido, sus dedos acariciaban los papeles que traía con su discurso preparado para hoy. Héctor se sentía como las hojas secas que lleva el agua de un río hacia su desembocadura, cuando no queda otra alternativa que dejarse llevar. No había vuelta atrás.
Cualquiera en su situación estaría sudando, moviéndose torpemente o pidiendo agua constantemente para hidratar su garganta; pero este no era el caso. Tal vez le templaba su estado de ánimo. El saber que su investigación había sido un éxito rotundo, le hacía sentirse superior al resto de los mortales y seguramente esa sensación engordaba su ego a cada minuto. Es lo que tiene la confianza plena en uno mismo, una vez que te abraza te concede esa calma que transmite el mar cuando todo es silencio a tu alrededor y sólo las olas susurran frases que queremos olvidar, pero nos mantienen serenos.
La audiencia empezaba a incomodarse ante el retraso del ponente. Más de dos mil personas llenaban el aforo y algunas empezaban hablar entre ellas; dudando de que el orador se dispusiera por fin a exponer su charla. Sobre todo al verle totalmente inmóvil junto al atril mirando al vacío.
Yo, desde uno de los anfiteatros superiores observo a Héctor. Sé que no está nervioso, solamente está disfrutando de este momento, dándole un toque dramático. Mi cuerpo “real” está congelado en el laboratorio de Héctor, totalmente inerte. Mi presencia aquí es la prueba irrefutable de que el experimento ha sido un éxito, y me pregunto qué macabro destino es aquel que me hace estar presente en este mundo cuando no debería de estarlo. Solo se debería de morir una vez.
Cuando Héctor, contacto conmigo y me ofreció la oportunidad de dejarlo todo atrás, imagino que no puede resistirme, no todos los día le ofrecen a uno volver a empezar de cero. La gente en una situación de estrés, de necesidad de cambio, suele coger el petate y poner rumbo a una nueva ciudad o un nuevo país. Pero al fin y al cabo, tu vida sigue esperando a que vuelvas, tus errores, las decisiones que has tomado y que dan forma a tu vida te persiguen como tu maldita sombra. Además de que una cuerda invisible te tira una y otra vez para que regreses, para que hagas las paces con tu pasado; no dejándote libre nunca.
¿Si te dieran la posibilidad de empezar de nuevo, nacer de nuevo, en otro cuerpo?… ¿Lo harías? ¿Cometiste errores? ¿Malas decisiones? ¿Te casaste con la persona equivocada? ¿Elegiste una profesión que odias? ¿Perdiste demasiado tiempo en cosas que nunca te hicieron feliz? Todo esto podrías cambiarlo, con un único precio a pagar; olvidar tu pasado.
Ahora me dirán que somos eso, el cumulo de nuestros errores y aciertos, derrotas y victorias. Y es verdad, pero también pueden ser nuestra carga, una losa que se posa en el pecho y hace imposible que puedas respirar; hundiéndote poco a poco en un agujero del que no puedes escapar.
Ahora mismo no sé quien era realmente, no recuerdo a mis amigos, a mi familia, no puedo cerrar los ojos y ver el rostro de mis padres o de mis hijos si es que los tenía, no recuerdo nada. Tengo un cuerpo nuevo, una entidad nueva, un trabajo nuevo en un lugar donde al parecer antes de abandonar mi anterior vida elegí y seguramente es lo que siempre desee hacer pero nunca tuve el valor de luchar por ello.
Héctor ya había empezado su discurso hacia unos minutos y estaba en la recta final, yo le ayude a escribir el texto, ya que no era muy hábil con las palabras. Si bien había demostrado todo lo contrario en esto de jugar con las vidas, como si dé una deidad se tratase.
— Lo que yo les propongo es una segunda oportunidad —dijo Héctor subiendo el tono de su voz para darle más énfasis—. Es redimir los errores, olvidar aquello que no os deja dormir, es empezar de cero. La cuestión es si están dispuestos a renunciar a todo lo que son, a sus recuerdos y decisiones que tomaron y que os convierten en lo que sois ahora mismo. Nuestro pasado no define. Estamos hechos de nuestros recuerdos, que nos cuentan nuestra vida una y otra vez, y si lo que oyen no les gusta, pueden ser libres y vivir la vida que siempre han soñado y todo esto por nada, la empresa que financia mi proyecto se hará cargo de todos los gastos.
El discurso dejo al público helado, Héctor había logrado el efecto deseado. La audiencia no daba crédito a lo que oía y un gran bullicio se apodero derrepente de la sala de conferencias. Las caras de asombro entre el público y un griterío que iba en aumento, no se hicieron esperar ante sus declaraciones.
Eso era todo, la posibilidad de volver a empezar una nueva vida y sin ningún tipo de coste. Aunque seguramente la empresa que financiaba el proyecto de Héctor tendría algún tipo de interés en todo esto y sacaría tajada, Los muy cabrones utilizarían todos esos recuerdos desechados para algún fin lucrativo, pero… ¿A quién demonios le importa que pueden hacer otros con las cosas que uno ya no quiere? Nunca te preguntas si alguien saca partido de la basura que sacas por las noches, solo quieres desacerté de ella.
Se que lo he dejado todo atrás, recuerdos, experiencias vividas, lugares visitados, personas que conocía, que ame u odie. No sé si mi vida era una mierda, si era un ser caprichoso o solamente era un cobarde, pero eso ya da igual; al carajo. Hoy empieza todo.

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