- ¿Por qué no bailas?
- No bailo, solo escribo, pero tu lo haces muy bien. Parece como si una serpiente se enredara desde tus tobillos hasta tus caderas y te hiciera moverte así.
- Odio a las serpientes.
- Para bailar así debes de odiar a algo más que a las serpientes.
- Tal vez sea miedo, más que odio.
- A veces no existe diferencia.
- Dime que no escribirás sobre mí.
- Y tu que no bailaras más delante mía.

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